Su función era iluminar los andenes, para lo que se colocaba en su interior una lámpara de aceite o petróleo.
Conservada por la Asociación Sevillana de Amigos del Ferrocarril.
Fue profusamente utilizado por el personal interviniente en la circulación, guardaagujas, jefes de tren o jefes de estación, que sujetándolo por el par de asas de su parte posterior lo mantenían en alto para dar salida o paso a los trenes nocturnos. Su nombre se debe a los tres colores, blanco, verde y rojo, que podía dar desbloqueando el gatillo de su parte trasera y girando el asa superior, lo que colocaba cristales de esos colores delante de la candileja, el elemento productor de luz, un pequeño depósito de aceite con una «torcía» o mecha que mediante una pequeña ruedecilla dentada se hacía salir más o menos, aumentando o disminuyendo así la llama y por ende la luminosidad.
Recuperado y conservado por un aficionado.
A partir de los años 60 del pasado siglo los faroles de aceite y carburo se sustituyeron por linternas eléctricas con baterías recargables, utilizándose como elemento de mano para los agentes y, con el complemento adecuado, como señales de cola en los trenes de mercancías. Hubo modelos utilizados por los jefes de estación o factores de circulación que tenían la posibilidad de dar luz roja o verde a voluntad.
Conservada por un aficionado.
Farol muy utilizado en la última época de la iluminación por llama. Tenía en su parte posterior un depósito rectangular para el agua, con una llave que la dejaba caer en mayor o menor cantidad sobre el carburo de calcio colocado previamente en el depósito circular de su base, ajustando así la producción de acetileno que se quemaba en una boquilla con su parte central de cerámica.
Recuperado y conservado por un aficionado




